Especismo

 

El segundo jinete del apocalipsis se conoce como especismo, un término acuñado por Richard D. Ryder (1970), en el que plantea la discriminación hacia los animales no humanos, la que se expresa en la atribución de valor, basándose exclusivamente en la especie a la que pertenecen. Tiempo después Horta (2009) lo definió como la injustificada y desventajosa consideración de aquellos que no son considerados pertenecientes a una (o más) especie en particular.

Esta injustificada consideración, se ha extendido a todas las “actividades” que practican los humanos con sus semejantes, incluyendo lo que interesa al Proyecto IIE. La cuestión del respeto a los animales no humanos, donde varios teóricos sugieren que existe un cierto grupo que es suficientemente “like us” y en consecuencia ellos deben gozar de la protección que les otorgaría una eventual ley humana, llegando incluso a señalar quienes pueden ser considerados “personhood”, es decir los sintientes y quienes sólo tienen un valor instrumental, o los medios para los fines humanos, los que indudablemente quedarían fuera de toda consideración moral.

A nuestro entender todos los seres vivos aprecian su vida y apologizando a Gary Francione (2008), todos los animales, humanos y no humanos, valoran sus vidas incluso cuando nadie más lo hace, discriminarlos por ser sintientes o no, manifiesta una notable aproximación al especismo.

Carnismo

La más omnipresente presencia del especismo, es irónicamente la más banal, la explotación y consumo de animales no humanos como alimento de los humanos. El carnismo se considera una subideología del especismo (Weitzenfeld y Joy, 2014) que dicotomiza a los animales no humanos entre comestibles y no comestibles y en consecuencia legitimiza su explotación, representando la relación menos deseada entre humanos y no humanos. El asesinato de seres vivos, sintientes o no, con el objeto de ser parte de la dieta de los animales humanos es moralmente inaceptable, debido a que permite la opresión de la mayoría de los animales no humanos que son explotados para fines humanos. El acto simbólico de alimentarse de animales no humanos define en parte, la relación entre humanos y no humanos de una forma que escapa a cualquier consideración ética.

El carnismo es además inmoral porque mantiene invisibles a las víctimas, fuera de la participación de los animales humanos que sólo identifican el asesinato en higiénicas presentaciones en los supermercados, donde manifiestamente se esconde la cara de la víctima a objeto de no provocar reacciones de compasión. A esa víctima le denominan “carne” y no cadáver que es el nombre que recibe en estricto rigor.

El carnismo radica en una paradoja entre valores y acciones, los animales humanos se oponen a matar no humanos, pero se los comen y a mayor abundamiento, hacen ostentación de ello, es lo que se denomina la paradoja de la carne, que autoriza, según Wallen a torturar y asesinar a más de dos mil millones de seres sintientes por semana.

 

Sea el primero en comentar

Escriba su mensaje

Tu dirección de correo no será publicada.


*