Domesticación

 

Fuera del ámbito conceptual, la domesticación es un proceso que se comienza a desarrollar tempranamente en el “ascenso del hombre” y cuya continuidad comienza a darse con el Neolítico, cuando los animales humanos crean las herramientas, cambian de una vida nómade a sedentaria y en consecuencia sus hábitos se vuelcan en el cultivo y la ganadería. Ahí comenzaría el largo camino de esclavitud de los animales no humanos, obligados a pagar su domesticación con su libertad evolutiva.

La domesticación se considera la vía persuasiva en la cual los animales humanos hacen a los animales no humanos vulnerables, a cambio de darles protección de una forma persistente (Palmer, 2011). Russell (2012), lo plantea de una forma algo más ortodoxa, señalando que la esencia de la domesticación es convertir a los animales no humanos en propiedad.

La principal relación de interés ético en la domesticación, es la vulnerabilidad lograda a través del cautiverio y la destrucción del habitat de los animales no humanos. El paso siguiente es el desarrollo de crianzas selectivas, con el propósito de convertirlos en máquinas productivas, lo que induce cambios en la fisonomía, alterando sus formas y su comportamiento, con lo cual la dependencia se torna permanente al transformar su libertad primigenia en la incapacidad de ser autosuficientes, como ocurre con más del 90% de los animales no humanos que alguna vez vivieron en libertad y en el 100% de las especies creadas por la intervención humana.

No hay muchas dudas acerca de lo que la domesticación como proceso y resultado implica, la vida en cautiverio, administrado por una comunidad humana que mantiene control sobre su crianza, reproducción, alimentación, organización de su territorio, mantenerlos sanos para que eventualmente no generen vectores infecciosos cuando sean asesinados y consumidos por humanos, es como se conoce en el mundo especista, un “recurso”, de manera alguna una vida.

Aunque también la domesticación tiene otros siniestros ámbitos, la vulnerabilidad se expande casi a todas las actividades humanas que dicen relación con su aparato productivo, los zoológicos, las granjas, los cultivos marinos, laboratorios y casi la totalidad de la vida, incluyendo la silvestre que depende en parte importante de la posesión de los humanos de sus territorios donde vive y se moviliza. Todos ellos son seres vulnerables, conducidos por la posesión humana.

La domesticación es, en definitiva, un sistema de dependencia creado por los humanos a objeto de explotar a los animales no humanos, considerados recursos.

Un proceso considerado crítico, se refiere a los animales no humanos que han sido domesticados con otros fines, más cercanos emocionalmente a los humanos, ellos son más extraordinariamente dependientes, vulnerables y por su cercanía ligados emocionalmente a los humanos a través de lo que se denomina dependencia interna. Millones de ellos comparten los espacios de los humanos y son críticamente vulnerables a las acciones y frustraciones de sus protectores y en consecuencia son las mayores víctimas del antropocentrismo revelado además en la forma de antropomorfismo, babymorfismo, el complejo de Bambi, la violencia y otras diversas perversiones humanas que alteran profundamente su naturaleza. Aquellos que comparten los espacios de los humanos, suelen ser las mayores víctimas del antropocentrismo.

 

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